Un partido de fútbol no es tan solo un juego en el que hay
11 jugadores de cada equipo, un árbitro que estorba desde tiempos inmemorables
y un balón. Es mucho más que eso. Es pasión,
ilusión, rabia, ira, alegría, cansancio, trabajo, entrenamiento, nervios,
golpes, heridas, goles, tarjetas rojas y
amarillas, vicio, vida, todo para algunos.
Es pintarse la cara de rojo-amarillo-rojo, es España entera gritando “gol”
en el mismo segundo, y seguro que nos
han escuchado en Portugal o en la mismísima
Italia que el otro día se estaba mordiendo las uñas de nervios y rabia por
acabar en 4:0. Es un Fernando Torres callando bocas, es un Sergio Ramos demostrando
que todos cometemos errores, pero en el pasado se quedan.
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