El mundo está creando gente que no sonríe, que se toma todo en serio, que no se ríe con los chistes de los camareros graciosos, en fin, gente amargada. Y toda esta amargura seguramente se debe a que no han perseguido a sus sueños, por miedo a tropezarse, por miedo a hundirse, por miedo a que no tengan un futuro, lo mismo da si es lejano o cercano. Todas estas personas se levantan cada día de mal humor, sin ganas, porque tendrán que irse a su odioso trabajo que nunca han querido tener. Pasan 8 horas en ese trabajo y cada minuto de estas 8 horas se les hace eterno y no hablar de cuando vuelven a casa, miran al calendario y las hojas de este se rompen doblemente más lento. Y esta gente se pierde todas las cosas buenas de la vida. No se tiran de cabeza a las piscinas, no hacen locuras por amor, no miran las estrellas, no disfrutan con un buen chocolate con avellanas, ni tampoco con la lluvia, no saben lo que es salir fuera y sentir cómo el agua empapa toda tu ropa. No saben lo que es que la buena música corra por tus venas. No aprovechan el cálido sol de un invierno o el fresco viento de un caluroso día de verano. Se fijan solo en las cosas negativas. En que hoy tampoco les ha tocado la lotería, en que de vuelta a casa ha habido un atasco y encima cuando han vuelto otra persona había aparcado en su sitio. Yo personalmente no pienso ser así, porque paso de cumplir los cuarenta años y darme cuenta de que me he convertido en una amargada sin ganas de nada y con una sonrisa destrozada. Yo no voy a ser así, voy a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, del sonido de la lluvia, del sonido que se produce al morder una manzana o cosas como caminar sobre hojas secas, lamer la tapa de los yogures, hacer equilibrio en el bordillo de la acera. Voy a querer como si fuese por último, voy a besar lentamente y voy a bailar rápido. Voy a cumplir mis sueños, bueno, voy a intentar cumplirlos, puede que no los logre, puede que nunca tache los dos puntos más importantes de mi lista con cosas que hacer antes de morir, puede que toda mi vida esos sueños sigan siendo eso, sueños. Puede que esa actriz que llevo dentro nunca salga, puede que nunca me ponga delante de una cámara, puede que nunca vea unas tomas falsas mías, puede que nunca me den un guión, puede que nunca me vea en la pantalla de un cine, puede que nunca nadie me diga que he podido cumplir mis sueños, o... puede que sí, y todo esto se convierta en una rutina diaria.
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